Segundo Premio

  en el concurso Educ.ar-Intel 2006, en la categoría Comunidad. Crónica apretada del viaje a la ceremonia de premiación.

 
Ni bien nos enteramos de que el proyecto CICE había resultado finalista, empezamos a trabajar para conseguir los recursos que nos permitieran viajar a la ceremonia de premiación con los tres tutores. Cristian y Ezequiel no conocían la Ciudad de Buenos Aires. Gracias al esfuerzo de nuestra directora, la profesora Julia Palmero, de la Cooperativa de Aguas de Mina Clavero y Villa Cura Brochero (que es auspiciante del proyecto en el orden local), y de la UEPC (Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba), Regional San Alberto, en particular de Olga Marcato, su Secretaria Regional, pudimos viajar con los chicos.


 




  Llegamos a Retiro a las 7 de la mañana, desde allí, nos tomamos un subte y fuimos a Obelisco. Vimos el Teatro Colón desde afuera y hablamos un poco de su historia y su prestigio en el mundo. Por Diagonal Norte caminamos hasta la Plaza de Mayo. Vimos un poquito de la ceremonia del cambio de guardia con soldados del Regimiento de Patricios en el Cabildo.

Hablamos de la importancia simbólica que tiene esa plaza en la historia Argentina. Mencionamos el episodio de la gente que vino a apoyar a Perón y metió las patas en la fuente para refrescarse, el famoso 17 de octubre de 1945. Hablamos del brutal bombardeo de la marina a la plaza abierta, el 16 de junio de 1955 y de las marcas de los tiros de metralla que durante mucho tiempo estuvieron en el frente de mármol del Ministrio de Economía. Nos detuvimos un instante frente a la plaqueta que recuerda a Azucena Villaflor y hablamos de la resistencia de las Madres a la dictadura.

Como la plaza estaba llena de efectivos de la Policía Federal, aprovechamos para recordar los sucesos del 19 y 20 de dieciembre de 2001 y la violenta represión que desató el gobierno del ex-presidente Fernando De la Rúa contra la gente que reclamaba en esa plaza y los cinco muertos que hubo, y que todavía hoy, no han podido tener justicia.

 



  Caminamos un poco por Avenida de Mayo y fuimos observando la particular arquitectura de los edificios de esa zona. Con sus columnas y frisos y el contraste con el estilo Internacional (neutro?) de los edificios de frentes vidriados (Cristian dijo que prefería éstos últimos). Desayunamos por allí e hicimos las primeras llamadas a casa, para avisar que todo estaba bien.

Nos fuimos caminado por Florida hasta la Galería Pacífico, decorada espectacularmente para Navidad. Allí vimos los murales de Antonio Berni, sobre una de las cúpulas y estuvimos viendo los negocios. Cristian subió por primera vez a un asensor y los tres se sacaron una foto con don Jorge Luis Borges...
 


  Caminamos por la avenida Córdoba rumbo al Palacio Pizzurno. Asistimos a la ceremonia de premiación. Nos enteramos que el nuestro era el Segundo Premio de la categoría Comunidad, fuimos los cuatro a recibir los diplomas y nos fuimos a almorzar. Mientras comíamos nos repartimos los regalos que nos dieron y hablamos de la ceremonia. A la salida fuimos a un ciber a subir alguna foto del viaje y experimentar que podíamos acceder desde cualquier lado a nuestras páginas, gracias a Internet. Entonces hicimos la segunda llamada a nuestras casas, para reportar las novedades.

De allí nos fuimos a la Plaza San Martín, en Retiro, a esperar que llegara la hora de volver a embarcarnos para el regreso.

 




  En la propia plaza y enfrente, en la plazoleta del Museo Militar, nos encontramos con una exposición organizada por la Fundación Favaloro: La Primera Muestra de Arte Urbano a Cielo Abierto, en la que se exponían más de 200 esculturas de corazones de gran tamaño diseñados e intervenidos por artistas de todo el país.

Ya casi con un pie en el micro, elegimos cada uno un corazón distinto y nos fotografiamos detrás de él. Todos volvimos con la sensación de que la experiencia nos había ensanchado el corazón.